Ahora todo es maravilloso, menos los viernes. Odio el viernes, y por primera vez en vida entiendo los reclamos de mi infancia. He conocido esa horrible sensación de vacío, de no existir. Lucho contra ese sentimiento, por no ahogarme en mis propias lágrimas. Lucho también para no volverme indiferente, porque estoy conciente de que el día que ya no me importe y que viva un viernes como si fuera cualquier otro día, todo se habrá perdido...
Hoy deseo sentir la lluvia travieza,
correteando por todo mi cuerpo,
para que al final del día sean tus manos
las que cubran mi cuerpo.
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