sábado, 24 de enero de 2015

corazón

Y tu sonrisa devuelve a mi alma la tranquilidad perdida en una tarde de lluvia. Gotitas de colores pigmentando mi mundo regalando matices irreales. Y el corazón se detiene un segundo mientras el torrente de alegría se transporta a todo galope por mi cuerpo, para al final azotarse en ese inmenso músculo creador de un sin fin de matices, y hacerlo, otra vez, latir.


sábado, 13 de noviembre de 2010

fragilidad

La vida es tan frágil, y pocas veces soy conciente de ello. Esa madrugada todo estaba en calma, yo no oí el golpe, me despertó el movimiento de la cama, mi marido se vestía ya para salir a ayudar. Esas cosas nunca me han gustado, no es que no me guste ayudar, es sólo que no tengo estómago. Me quedé recostada viendo el techo, pensando que una vida se puede complicar a cada segundo. Me levanté por los gritos, reconocía la voz de mi marido y mi cuñado, había mas gente. Salí. Mi suegro entraba para buscar algo con qué romper un vidrio. Desde la azotea veía la escena completa. Se acercaba una patrulla. No es el primer accidente automovilístico que veo, pero ha sido el primero que me ha llegado y me ha dolido en lo mas profundo, aún ahora recordando, siento la necesidad de llorar.
Tras la patrulla llegaron las ambulancias, cinco o seis, bomberos y mas patrullas, me parecía ver un programa de televisión. Entró mi marido buscando una lámpara, las maniobras eran imposibles, no se veía nada. Sólo una persona abordo, un hombre menor de 25 años. Prensado entre el asiento y el volante, inconsciente, sangrando, con dificultad para respirar debido a la sangre que se iba a sus pulmones. Imposible sacarlo, mi marido y mi cuñado, de los primeros en llegar tuvieron que romper el vidrio para levantarle la cabeza y evitar que se ahogara con su sangre, y esperar los interminables minutos antes de que llegara la primer ambulancia.
Tuvo a bien perder el control del auto, las razones no las sé y la verdad es que ya no importan, fue a dar al camellón y se estrelló de frente con un árbol. El auto quedó destrozado, tuvieron que hacerlo cachitos practicamente para poder sacar al conductor por la parte de arriba. Mas de una hora en esta maniobra, mucha gente intentando ayudar, rescatar una vida que se iba. Y yo me pongo a pensar en su familia, en sus padres que lo estarán esperando hasta el amanecer, me pregunto quien les dará la noticia, pienso en su preocupación al ver que no llega, pienso en la fragilidad de la existencia que en suspiro se nos escapa, se evapora, y se funde con el universo.
Al día siguiente una pareja visita el lugar del accidente, los invitamos a pasar, son familiares del chavo, él ha muerto en el trayecto al hospital, 22 años.
Y yo, le lloró como si fuera mi muerto, porque lo he visto agonizar, lo he sentido a lado mío viendo su cuerpo que se queda sin vida, lo he sentido rondar por la casa y sé que mis fantansmas le han dado la bienvenida

sábado, 30 de enero de 2010

desequilibrio

Hay veces que sencillamente me canso de ser, de oir, de ver, de sentir. Hay veces que sencillamente el hastío llega a sobrepasarme y entonces quisiera desvanecerme en un suspiro, evaporarme. Quisiera no ser tan volátil, poder mantener el equilibrio, pero sencillamente hay días que no puedo, hoy no puedo, hoy no lo deseo.

En este momento, en este segundo estoy atrapada en mi volatilidad... y no quiero escapar.

lunes, 24 de agosto de 2009

no me gustan los viernes (sacando traumas)

Recuerdo que de niña no me gustaban los sábados, me podía ansiosa al llegar el sábado, no entendía por qué los reclamos, las malas caras, el dejar de hablarse. Después de 18 años mal viviendo los sábados, llegó la época de no tolarar todo el fin de semana. Mi vida era tolerable entre semana, pero los fines de semana era la muerte total, gritos, peleas, lagrimas... todo un coctel de ansiedad. Viernes en la noche y a disfrutar del último día "grato" de la semana; un tequila, un poco de música y algo de compañía.
Ahora todo es maravilloso, menos los viernes. Odio el viernes, y por primera vez en vida entiendo los reclamos de mi infancia. He conocido esa horrible sensación de vacío, de no existir. Lucho contra ese sentimiento, por no ahogarme en mis propias lágrimas. Lucho también para no volverme indiferente, porque estoy conciente de que el día que ya no me importe y que viva un viernes como si fuera cualquier otro día, todo se habrá perdido...

Hoy deseo sentir la lluvia travieza,
correteando por todo mi cuerpo,
para que al final del día sean tus manos
las que cubran mi cuerpo.

martes, 18 de agosto de 2009

lo he olvidado

Quiero escribir y no puedo, creo que he olvidado cómo hacerlo. Hace cuánto dejé de hacerlo? un año? dos?. No lo recuerdo. Mis dedo dejaron la tinta hace tanto tiempo, cambiaron las manchas de tinta por el suave golpeteo del teclado. Y ahora, ni eso soy capaz de hacer. En qué momento se me acabó la rabia, el remordimiento, la ilusión, las ganas de escribir. Ahora todo se queda en mi cabeza, y todo está luchando por salir, me agobian tantas palabras. No las soporto ya, dan vueltas intentando huir, y regreso al intento. Ya he olvidado cuántas veces he comenzado.

lunes, 29 de junio de 2009

Retomando los inicios

Y me pregunto que pasó. No lo puedo recordar...
Afuera llueve, el cielo se cae en pedazos,
llueve?
Tal vez es mi mente,
mi corazón el que se inunda.
Dime que llueve,
que no son mis ojos los que se inundan.
Me congelo...
Dónde estás?



Y nos fundimos el mas tibio abrazo,
y me das un beso tierno,
aún con vestigios de dolor,
el calor va llenando nuestros corazones,
y nos amamos.
Como la primera vez,
tímidos,
reconociendo cada poro de la piel,
explorando con caricias hasta el último rincón.
El hielo se derrite poco a poco,
el gélido ambiente se extingue,
me extingo,
me evaporo con tus besos,
muero y vuelvo a nacer entre tus brazos.
Afuera la tormenta intenta aparecer...

lunes, 1 de junio de 2009

cronica

Y cada noche mi cuerpo se acomoda a la forma de tu cuerpo cuando duermes,
y mi pecho palpita de felicidad al descubrir tus latidos,
en medio de la obscuridad latiendo al ritmo que los mío

Y sí, estoy enamorada, perdidamente enamorada, tanto o mas de lo que estaba hace ya cuatro años.