La vida es tan frágil, y pocas veces soy conciente de ello. Esa madrugada todo estaba en calma, yo no oí el golpe, me despertó el movimiento de la cama, mi marido se vestía ya para salir a ayudar. Esas cosas nunca me han gustado, no es que no me guste ayudar, es sólo que no tengo estómago. Me quedé recostada viendo el techo, pensando que una vida se puede complicar a cada segundo. Me levanté por los gritos, reconocía la voz de mi marido y mi cuñado, había mas gente. Salí. Mi suegro entraba para buscar algo con qué romper un vidrio. Desde la azotea veía la escena completa. Se acercaba una patrulla. No es el primer accidente automovilístico que veo, pero ha sido el primero que me ha llegado y me ha dolido en lo mas profundo, aún ahora recordando, siento la necesidad de llorar.
Tras la patrulla llegaron las ambulancias, cinco o seis, bomberos y mas patrullas, me parecía ver un programa de televisión. Entró mi marido buscando una lámpara, las maniobras eran imposibles, no se veía nada. Sólo una persona abordo, un hombre menor de 25 años. Prensado entre el asiento y el volante, inconsciente, sangrando, con dificultad para respirar debido a la sangre que se iba a sus pulmones. Imposible sacarlo, mi marido y mi cuñado, de los primeros en llegar tuvieron que romper el vidrio para levantarle la cabeza y evitar que se ahogara con su sangre, y esperar los interminables minutos antes de que llegara la primer ambulancia.
Tuvo a bien perder el control del auto, las razones no las sé y la verdad es que ya no importan, fue a dar al camellón y se estrelló de frente con un árbol. El auto quedó destrozado, tuvieron que hacerlo cachitos practicamente para poder sacar al conductor por la parte de arriba. Mas de una hora en esta maniobra, mucha gente intentando ayudar, rescatar una vida que se iba. Y yo me pongo a pensar en su familia, en sus padres que lo estarán esperando hasta el amanecer, me pregunto quien les dará la noticia, pienso en su preocupación al ver que no llega, pienso en la fragilidad de la existencia que en suspiro se nos escapa, se evapora, y se funde con el universo.
Al día siguiente una pareja visita el lugar del accidente, los invitamos a pasar, son familiares del chavo, él ha muerto en el trayecto al hospital, 22 años.
Y yo, le lloró como si fuera mi muerto, porque lo he visto agonizar, lo he sentido a lado mío viendo su cuerpo que se queda sin vida, lo he sentido rondar por la casa y sé que mis fantansmas le han dado la bienvenida
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